Refinerías bombardeadas y gigantescas columnas de humo sobre las ciudades por todo el país, bloqueos de Internet, reclutamientos forzosos, crisis económica y, en pleno periodo estival, racionamiento de combustible. Nada de esto ha provocado manifestaciones en Rusia y nadie las espera. Los índices de popularidad del presidente, Vladímir Putin, sí han bajado drásticamente estos últimos meses, pero tres de cada cuatro rusos aprueban su gestión y, aún más importante, el mandatario cuenta con un par de millones de agentes de seguridad a su servicio.

