La transición que capitanea el conservador Péter Magyar en Hungría avanza con ímpetu para dejar atrás la era iliberal de Viktor Orbán. Respaldado por el rotundo aval que le otorga su histórica victoria electoral de abril, el líder de Tisza ha emprendido una agenda reformista exprés, con algún que otro tropiezo y más de una incógnita. El régimen de Orbán ha pasado de parecer una fortaleza inexpugnable a desmoronarse a una velocidad insospechada. Solo resistía la jefatura de Estado de Tamás Sulyok, que finalmente firmó el sábado la reforma constitucional que le destituye como presidente.

