Rusia aumenta la presión en el confín oriental de Europa. Moscú pone a prueba casi a diario la capacidad de respuesta de Occidente y ensancha los límites de la zona gris, el espacio de conflicto por debajo de la guerra abierta. Polonia alerta insistentemente de que este otoño el Kremlin subirá la apuesta, mientras los bálticos —Estonia, Letonia y Lituania— tratan de evitar el alarmismo y se defienden de quienes les consideran condenados a ser víctimas de una aventura militar rusa.


