Muchos de los episodios de apariencia extraña registrados en los últimos dos años en diversas ciudades europeas, con drones misteriosos que sobrevolaban instalaciones aeroportuarias e interrumpían el tráfico de aviones, tienen ahora una aparente explicación. Rusia ha lanzado una campaña prolongada, que lleva en marcha al menos año y medio, en la que ha usado esos artefactos de bajo coste para, entre otras cosas, espiar instalaciones nucleares de la OTAN, según un informe revelado este jueves por el Instituto Internacional de Estudios Estratégicos (IISS, en sus siglas en inglés), un centro de análisis de Londres fundamental en la producción de análisis militares.

