La política se construye en muchas ocasiones a base de saldar cuentas pendientes. En 2003, Gordon Brown, al que aún le faltaban cuatro años para destronar a su aliado y rival, Tony Blair, advirtió a los delegados presentes en el congreso anual del Partido Laborista aquello de que “somos mejores cuando somos más audaces, cuando estamos más unidos y cuando somos más laboristas”. Un diputado de poco más de 30 años, Andy Burnham, se sumaría poco después a las filas de los brownitas, y llegaría a ser ministro del siguiente Gobierno.

