Las relaciones entre Tokio y Pekín han emprendido una inquietante escalada desestabilizadora de toda la zona desde la llegada al poder de la primera ministra nipona, Sanae Takaichi. El foro de defensa de Shangri-La en Singapur fue escenario, a principios de mes, de las fuertes críticas de Japón a China, a la que ni siquiera nombró. “Cada país debe poder elegir su futuro por su propia voluntad. Y esta región debe permanecer abierta a todos los países que respeten nuestras normas y principios comunes”, declaró el ministro de Defensa nipón, Shinjiro Koizumi, tras rechazar las acusaciones sobre una posible revitalización del pasado militarista en su país.

