
Una frágil tregua permite estos días el retorno de miles de residentes al sur de Líbano. En esas aldeas humildes de la región, que Israel considera zona de combate en la guerra contra el grupo libanés Hezbolá, no se percibe alegría por el regreso ni pena por la devastación. Quienes vuelven funcionan como autómatas, sin haber procesado lo sufrido durante casi tres años frenéticos de ofensiva israelí, ininterrumpida desde que la organización proiraní se unió a la guerra de Hamás contra el Estado judío.

