La vida parisina no se detuvo tras los salvajes disturbios del 17 de octubre en toda Francia. No lo hicieron, sobre todo, sus ciudadanos, que el domingo por la mañana salieron a comprar el desayuno esquivando bicicletas quemadas, contenedores y a algún runner. La mañana transcurrió en un ambiente de desolación y olor a plástico quemado y algunos descubrieron que su vehículo había sido calcinado. Pero pasadas las tres de la tarde, los disturbios regresaron a los alrededores de la plaza de la República, donde todo había empezado el día anterior. De nuevo, contenedores ardiendo, barricadas formadas con bicicletas de alquiler incendiadas y violentos enfrentamientos con la policía.


