Cuando el avión comenzó a descender a un ritmo infernal y sin explicación alguna, Shota Musaieb, uno de los pasajeros israelíes en el vuelo de Dubái a Tel Aviv, tuvo como primer reflejo empezar a grabar todo con el teléfono móvil. “No pensé que fuese un atentado. Empecé a grabar todo. Mi miedo era que, si todo acabase de una manera distinta a la que lo ha hecho, que no hubiese pruebas y que el mundo no supiese lo que pasó. Muy poco después, entendí que sí era un atentado y corrí hacia la parte delantera del avión”, recuerda este miércoles nada más aterrizar en el aeropuerto Ben Gurión de Tel Aviv, muchas horas, susto y tensión después de lo previsto y desde Arabia Saudí, adonde fue desviado el aparato.


