Eva Olsson arrastra a duras penas su carrito de la compra por una calle empinada de la ciudad sueca de Eskilstuna. A sus 84 años, le pesa la vida. “Ya no me queda nadie. Me siento una extraña en el lugar al que llegué de joven”, lamenta. “He ido al supermercado y solo me he cruzado con negros. No tengo nada en contra de los inmigrantes, pero sí de que se concentren en algunas zonas y no muestren interés por integrarse. Nos han robado el barrio”, sostiene. Durante casi seis décadas votó siempre al Partido Socialdemócrata, pero ella y su marido —fallecido hace unos meses— optaron en 2022 por el ultraderechista Demócratas Suecos, y tiene claro que volverá a votarlos el próximo domingo. “Son los únicos capaces de solucionar esto”, sentencia.


